jueves 19 de enero de 2012

Peor que flaca

Había estado ocurriendo, los días previos a ver a Darío en persona, que cada cita que Irene Palacios planeaba con un chico, se veía frustrada por alguna razón. Pasó al menos 10 veces con 5 o 4 chicos distintos. El más perceverante llegó a verla, con condiciones casi fatales que fueron descritas en el primer capítulo. Pero eso fue después de ver a Darío, antes de verlo ella sospechaba que algo ocurría, pero no era claro.

- Ya van tres veces. Quedé con Roberto la semana pasada el Lunes y dice que se accidentó camino a mi casa. Luego Paco...

- ¡Ja! ¿Paco el guitarrista? Es un mono monaal - dijo Michael.

- Sí pero... ble. Paco, hubo una equivocación con un mensaje de texto y no salimos, ahí conocí a Rubén y perdí su número. No recordé dónde nos veríamos y ese fue el fin de todo.

- Bueeeeno, eso solo te demuestra que tienes que eres una despistada.

Es casi como si no hubiese realmente querido salir con esos chicos, pensó Irene.

Y llegó el día en que vendría Darío a su casa o al té o algo así.

- En algo así hemos quedado.

- ¿Y si no llega?

- ¿Por qué no llegaría?

- Vive en Comas.

E Irene vive en Surco.

Varios de los chicos con los que Irene había quedado para salir y no había podido habían intentado salir con ella nuevamente y las respuestas de Irene habían sido como estas:

- Creo que ya no me interesa, pero gracias.

- No gracias, ya no.

- No... no...

- La verdad es que nunca nos interesó...

Y las respuestas a ella fueron:

- ¿Qué?

- No te entiendo...

- No... no entiendo...

- qué ¿tú crees que no me interesa?

Y la verdad no, ninguno de ellos había escuchado su corazón a la hora de citarse. Habían estado siguiendo patrones, programación, no sus corazones. Bueno, una programación mayor, una programación menor.

- No puede ser Irene, te pasas de atorrante ah.

- Nooo, tú estas loca oe.

- ¿Pero que? ¿qué te hize?

Irene tenía ligeras ganas de responderles de manera burlona pero no hubiera ganado nada, con el último chico con el que conversó si tuvo un momento en el cual se escapó un comentario burlón:

- Ala, peor que flaca, jaja... - lo dijo por burlarse de muchas cosas, del machismo, de los estereotipos sexistas, de los que decían esas frases más amenudo, de tanto de tanto. Rió y rió, y cuando acabó la burla el chico había colgado y ella se sintió relajada . No se sentía culpable, no sentía que tenía que sentirse culpable. Nada, se había agotado aquello, esa órden que nos suele decir que nos sintamos de tal o cual forma al expresar nuestros egos, que lo reprimamos hasta más no poder y se nos chorree, y luego volver a sentirnos culpables por verlo emerger. Ellos lo sabían, esos chicos, sabían que simplemente no iba a ocurrir, pero sus costumbres no les permitían estar tranquilos, sus costumbres que los juzgan.

¿Qué harían ahora? Debían conseguirse otra distracción, otra chica con quien salir para no reconocerse a ellos mismos, debían debían, pero la fuerza gravitacional de un sol mayor los sacó de órbita, estaban en el espacio, libres de flotar, o lo que sea